A principios de la década de 1970
EL ACTO FUNDACIONAL
Severin Wunderman: El hombre que no pidió permiso
Severin Wunderman se puso a fabricar relojes sin contar con capital, sin contactos y sin intención de ponerse a esperar a que surgieran. Trabajaba como vendedor cuando estableció, a su modo, un acuerdo de fabricación con Aldo Gucci. Su empleador le avisó de que se trataba de un reto demasiado grande para poder cumplirlo. Severin se puso a ello por su cuenta, con un anticipo de Aldo para financiar la producción y puso en marcha una empresa basada en un apretón de manos y una intuición que todo el sector de la relojería intentaría comprender durante las tres décadas siguientes.
Ese fue el acto fundacional. Todo lo que aconteció a continuación tuvo el mismo perfil: negarse a aceptar que le dijeran qué se podía y qué no se podía hacer, combinado con el gusto para hacerlo dando prioridad a la belleza. Iba a reformar todo el sector industrial.
Michael creció viviendo todo eso desde dentro.